Onán y yo, y III

Mi definitivo distanciamiento con la cosa católica se produjo cuando dejé de ir a la misa de los domingos, auténtica castaña pilonga que nos partía la mañana por la mitad. Salvo algún cuesco fugitivo, cuya presencia captábamos a la velocidad del rayo con el consiguiente descojone, que aumentaba irremisiblemente al taparte la boca para que […]

Onán y yo, y II

 Pero eso lo supe  luego, cojones. Me refiero a que mis amigos se pajeaban, no a lo de la rebaja: en aquel malhadado asunto, aquellos tipejos eran más agarrados que un chotis, y no abrían el puño así les dieras con un martillo en el codo, los muy ruines. Resultado de mi vergonzosa ocultación de […]

Onán y yo, I

A la tierna edad de trece añitos, más o menos, el famoso Sátiro de Extremadura era un tío mierda, un piernas comparado con quien esto escribe. Yo ya era un pajillero ilustre, de leyenda, un hombre de respeto entre mis compañeros de afición, casi mítico. Me la pelaba con fruición, con un empeño digno de […]