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Llega el invierno.

Madrid entero está bañado en una luz limpia, suave y engañosa, que deja paso a un frío atroz cuando cae la luz. Las calles están tan repletas de hojas muertas que el otro día me sorprendí pensando en lo largo de este otoño, que ha sido caluroso y muy particular. No sé si es el cambio climático o mi propio cambio, pero de alguna manera la percepción de las estaciones ya no es igual que antes, cuando menos en mi caso. Recuerdo veranos cálidos, felices y casi eternos, seguidos de otoños melancólicos y de fríos y oscuros inviernos: cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Claro, que de eso hace ya muchos años, tantos que comienzan a perderse en una lejanía azul que pugna por embargarlo todo.06062008084

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