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El inevitable pasado

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21 de febrero de 2018

De acuerdo. Mi protagonista ya ha tomado contacto con otro de los principales personajes de la novela, con el que le une un pasado difícil y desagradable, aunque barrunto que será inevitable que surja la colaboración entre ambos hombres. El policía Martín Barrientos no le revela gran cosa a Carlos sobre lo que este desea saber, pero por algún sitio hay que  empezar.

Carlos está comenzando a intentar hacerse una composición de lugar sobre lo que le ha sucedido a la prima de Brianna, de manera que ya ha contactado con el Negro Olivares, por ejemplo, una figura del hampa local que le ha suministrado algunos datos de interés para que pueda encauzar su búsqueda.

Ese primer paso hacia el descubrimiento de la verdad debe desencadenar muchas otras acciones como consecuencia. Es hora de volver a repasar el plan de la novela, porque mientras la trama va tomando cuerpo resulta necesario seguir perfilando los personajes y el ambiente en el que se mueve el protagonista. Pretendo que la ciudad y su entorno sean algún alguien más dentro de la obra, que sus particularidades influyan de alguna manera en las vidas de los seres que en ella pululan.

En otro orden de cosas, ayer recibí una llamada de mi editora. Según me comentó, la semana que viene dispondré, por fin, de las pruebas de impresión de Jinetes en la niebla para realizar las últimas correcciones y darle el visto bueno antes de comenzar la impresión propiamente dicha. Me acompañará también pruebas de las ilustraciones interiores aunque aún no de la portada. Necesito todos esos datos para montar una modesta campaña de marketing antes del lanzamiento, así que bienvenidas sean las dichosas pruebas. Ardo en deseos de acabar todo el proceso y ver publicado mi libro, claro.

Espero que para mayo o así la novela ya esté en la calle. Veremos.

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Más madera…

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27 de enero de 2018

Contra todo pronóstico, antes de ayer he conseguido acabar la crónica de mi segundo viaje a la República Dominicana. Se compone finalmente de tres escritos (La Vie en Rose, Caribbean Blue y Caribbean Black) y ya está colgada en “La Salamandra”. No me desagrada el resultado; veremos si resiste una nueva lectura más desapasionada  pasado un tiempo. Me gusta hacer esa prueba con casi todo cuanto escribo y la verdad es que la mayoría de mis particulares creaciones se defienden con cierta dignidad; al menos, eso creo percibir.

Sigo enfocado en los avatares de Carlos Zúñiga. Ya le he visto en acción mientras se gana el sueldo en su lugar de trabajo y creo que los principales personajes de esta primera versión de la obra están muy cerca de donde deben estar para cuando comiencen a desencadenarse los acontecimientos que forman su trama. Carlos ha protagonizado un primer acercamiento hacia la mujer que desea, pero las cosas no han terminado del modo que él buscaba.

Necesita ahora entender qué ha pasado, recabar toda una serie de datos que le ofrezcan la posibilidad de vislumbrar con claridad el panorama al que se va a enfrentar, y para ello habrá de valerse del concurso y de la ayuda  de otros personajes. Hay que investigar en cómo va a lograr esa colaboración y qué tipo de relación le une a cada uno de ellos, para que esa sensación de trabajo conjunto sea creíble y eficaz, sin dejar de definir las personalidades de quienes intervengan directamente en los hechos.

De manera que, como era de esperar, comienzan las dificultades, los quebraderos de cabeza y las vueltas y revueltas. Apuntar ideas de continuo, repasarlas e intentar conectarlas en infinitas combinaciones, esperar a que llegue ese momento en el que ves, con algo similar a la claridad, por qué derroteros debe discurrir la vida que quieres que tu obra contenga: de eso se trata y en ello estoy.

Deseadme suerte.

 

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Primeros pasos

 

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11 de enero de 2018

Bien, el asunto ya pita. He acabado la primera versión  -sepa Dios cuántas más me esperan- de los tres primeros capítulos de la novela. Ya sé quién es Carlos Zúñiga, dónde vive y dónde trabaja, como en el chiste, aunque en realidad creo que siempre lo supe. Empiezo a sentir esa picazón familiar en la punta de los dedos que me asalta cuando uno cualquiera de mis proyectos literarios comienza a tomar cuerpo, a imponer su propia ley.

Muy en breve, espero, la novela iniciará su andadura por sí sola; los personajes se moverán a su antojo y reaccionarán como las criaturas vivas que son, de manera que toda la obra principiará a tirar de sí misma hasta el momento final. Al menos, así lo siento yo… aunque todo eso no significa que no haya que hacer un esfuerzo titánico para que las cosas chirríen lo menos posible y todo el andamiaje se mantenga en pie desde la primera  a la última página.

Como era de esperar, el resto de mis escritos está experimentando un cierto retraso, lo cual no deja de preocuparme, porque no tengo apuntes sobre nada de lo que estoy contando en esa serie de recuerdos y de viajes: dependo única y exclusivamente de mi memoria, que no me ha fallado hasta ahora, veremos. Pero no puedo hacer más de lo que hago… creo.

Todos los comienzos son duros, y este asunto de la escritura no supone excepción alguna a la regla. En fin, vuelvo al bar donde trabaja Carlos Zúñiga; me espera para que le acompañe a casa de una mujer que le obsesiona…