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Día: 23 de septiembre de 2014

Onán y yo, y II

 Pero eso lo supe  luego, cojones. Me refiero a que mis amigos se pajeaban, no a lo de la rebaja: en aquel malhadado asunto, aquellos tipejos eran más agarrados que un chotis, y no abrían el puño así les dieras con un martillo en el codo, los muy ruines. Resultado de mi vergonzosa ocultación de datos:  confesaba  de  modo  imperfecto, según  aquellos  cotillas que todo lo  querían    saber, y comulgaba a  continuación sin estar  preparado para el asunto en  cuestión, con lo que siguiendo  los dictados implacables de  aquella panda de cabrones y de    su dios, cometía tantos…