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Día: 22 de febrero de 2015

Plaza de Olavide

Anoche, de madrugada temprana, una lluvia fina y molesta caía sobre Madrid. Inmisericorde, calaba hasta los huesos de puro aburrimiento, a fuerza de insistir en su monótona tarea, dejándome el cogote helado al desaparecer casi instantáneamente, evaporada por el calor de mi cuerpo. Atravesaba yo la plaza de Olavide, camino de mi casa, cuando les vi. Casi ocultos entre las sombras que proyectaban los arbustos y setos que adornan el lugar, y apenas dos siluetas para mis ojos, cegados momentáneamente por las farolas de la calle, pero allí estaban. Pude distinguirles con más claridad al irme aproximando a ellos, mientras…