Saltar al contenido

Día: 12 de noviembre de 2015

Hijos del vacío

Vuelvo algunas noches caminando hasta mi hogar desde la calle Princesa. En sus inmediaciones regenta un entrañable bar de copas un querido amigo mío, de manera que me escapo a verle con una frecuencia más o menos digna. Menudean las cervezas y la conversación puede muy bien hollar la madrugada, alegremente ajenos a las horas que se nos van, como se nos va la vida. El asunto mejora sensiblemente si hay parroquianos nuevos o desconocidos, si bien es cierto que eso no suele ocurrir con asiduidad. La noche de Madrid es así, y así es el sino de mi amigo. Cerrado…