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Categoría: General

Gotham City… ¿o quizá Metrópolis?

Los luminosos horizontes de Toronto, que acabarían convirtiéndose en el ya clásico skyline neoyorquino, o la oscuridad de enormes edificios, azotados casi siempre por una lluvia cruel, de una ciudad que podría ser cualquiera de las actuales. La fuerza de lo simple frente al indudable poder de lo barroco, de lo elaborado. El encanto sin pretensiones de las historias sencillas frente al perverso de la atracción por el abismo.  Dos mundos perfectamente disímiles, pero ambos realmente cautivadores, para grandes y para pequeños. ¿Dónde reside la fuerza de estas sedes imaginarias, de estas capitales del bien y del mal? Sin duda…

El cazador y la doncella

Mientras el frío hace gemir los cristales de mi despacho, empapados de agua, Clapton está desgranando los compases de «Worried life blues» en el reproductor. La magia indudable de Mano Lenta me transporta a través de las volutas del humo de mis cigarrillos, me hace adentrarme en la sombría alameda de mis recuerdos, frondosa y fresca algunas veces, poco cordial y desapacible otras, las más, desdichadamente. Las asociaciones de ideas se disparan, y como si de una enloquecida navegación por internet se tratase, al poco tiempo ya he olvidado por completo cuál ha sido el punto de partida, la memoria inicial, el rescoldo del…

Escritor y lector.

Pues si. Nada más y nada menos que en 2008 inauguré este mi primer blog, pensando que conseguiría darle ciertos visos de continuidad, pensando en que lograría por fin expresarme de acuerdo con esa ineludible necesidad de la blogosfera de éxito que se llama periodicidad, y que es uno de los principales consejos que cualquier blogger veterano dará al recién llegado a estas lides: escribe con periodicidad más o menos fija, no consientas que tus seguidores se aburran, porque acabarán abandonándote; es muy difícil lograr seguidores, pequeño padawan; es muy sencillo perderlos… Qué desastre, ¿no? Vaya insigne patinazo, qué sublime…

En busca del agua.

Está llegando el otoño con una suavidad casi sospechosa. Los días, pese a ser ya escandalosamente cortos, son cálidos y amables, y las noches permiten el paseo, la copa o el sueño, con una placidez que no sé si augura algo bueno; posiblemente tan sólo se trate de la puerta de entrada a uno de esos inviernos de Madrid que te arrancan la piel a tiras de puro fríos que resultan al final. Por otra parte, ni una sola nube en el horizonte; el agua se está haciendo esperar, y el monte está ya completamente achicharrado tras el largo estío,…

¿Qué hacer?

Es casi una experiencia religiosa, que diría un tonto de los cojones que yo me sé, y además una que sufrimos todos, todos los puñeteros días. ¿Por qué siempre tiene que haber un gilipollas en un bar, preferiblemente uno de tus favoritos, que insiste en vaciar la barra, en no enterarse de que es un débil mental, que su conversación no le interesa a nadie y que hace un flaco favor al dueño del garito espantándole clientes habituales y, para más inri, dejándole a deber? En el próximo programa de bachiller con el que nos castiguen los siguiente robaperas que…

¿Nuevos comienzos?

Pues, efectivamente, y como era de sospechar, he estado la friolera de casi cuatro años sin escribir ni una sola coma en este querido blog. Supongo que ello se deberá, entre otras cosas, a que no habrán ocurrido incidentes dignos de mención en todo este tiempo, o a que no habré tenido las ganas suficientes de comentarlos, claro. Por otra parte, parece que empieza a picarme de nuevo el gusanillo de la blogosfera, de manera que vamos a dejarle que pique cuanto guste, a ver si en esta ocasión consigue sus propósitos, el pobrecillo… Sigo resistiéndome a enviar noticias sobre…

Llega el invierno.

Madrid entero está bañado en una luz limpia, suave y engañosa, que deja paso a un frío atroz cuando cae la luz. Las calles están tan repletas de hojas muertas que el otro día me sorprendí pensando en lo largo de este otoño, que ha sido caluroso y muy particular. No sé si es el cambio climático o mi propio cambio, pero de alguna manera la percepción de las estaciones ya no es igual que antes, cuando menos en mi caso. Recuerdo veranos cálidos, felices y casi eternos, seguidos de otoños melancólicos y de fríos y oscuros inviernos: cada cosa…

Ya lo siento…

Pues sí, sí que lo siento. Los azacaneos de la vida laboral,  que no es vida, sino un deforme remedo de la misma, me han mantenido hoy lejos de la cena con mi gente, de los auténticos seres humanos que habitan mi pueblo, mi refugio favorito. Digo «mi pueblo» y digo bien, porque aunque no soy nacido allí, se trata del único lugar en el que me encuentro a mis anchas, en el que a nadie doy explicaciones y en el que nadie me las pide. He faltado a la ceremonia de los lunes, a ese encuentro con otra cara…

En marcha.

Bien. Lo primero es lo primero. De momento, creo que he dado con el título apropiado para el asunto en cuestión. Siempre me ha fascinado la salamandra, ese ser mágico y misterioso al que el fuego, según la leyenda, no puede dañar. No se puede negar que el contenido simbólico de la idea es tremendamente potente, algo que todos quisiéramos poseer: la suficiente dureza como para que ni siquiera el fuego pudiera hacernos sufrir. Sería, desde luego, una forma mucho más fácil de vivir la vida, más llevadera y suave. De cualquier manera, y por lo que a mí respecta,…

No sé si tiene mucho sentido…

Bien. Ya estamos aquí de nuevo, sin ni siquiera tener una idea clara sobre el título, por ejemplo. No sé las veces que he comenzado un blog, sin llegar a darle un mantenimiento más o menos digno… La blogosfera debe de contener por lo menos dos o tres cadáveres de mi factoría, flotando por el ciberespacio en busca de una redención que nunca va a llegar. En fin, así es la vida y así soy yo. Aquí va la primera entrega; veremos si se producen muchas más.